Los campañoles tienen un sentido del olfato muy agudo, que podemos usar para ayudar a ahuyentarlos. De esta manera, los campañoles pueden ahuyentarse con olores desagradables, por ejemplo, ácido butírico. Aprenda a usar el ácido butírico contra los campañoles a continuación.

El problema del ácido butírico
El ácido butírico es una sustancia química que es inodoro en su forma original. Cuando el producto químico entra en contacto con el aire y la humedad, produce un fuerte olor que recuerda a la mantequilla rancia, de ahí el nombre. El ácido butírico es un repelente de campañol muy efectivo debido al hedor, pero el ácido no es del todo seguro tanto para los humanos como para los campañoles. El ácido butírico es corrosivo para el sistema respiratorio e irritante para la piel. Lo que causa solo una ligera irritación en los humanos cuando se manipula incorrectamente puede provocar quemaduras químicas graves en los ojos, el tracto respiratorio o la piel del campañol.
consejos
Una buena alternativa al ácido butírico es el suero de leche, que también desarrolla un olor fuerte. Para obtener el mejor efecto, no escatimes en suero de leche.
Repeler campañol con ácido butírico
Repeler un campañol con ácido butírico o suero de leche es fácil:
- Primero, debe identificar tantos agujeros en el campañol como sea posible y seleccionar un agujero como "agujero de escape". Este agujero debe estar lo más cerca posible de la línea de propiedad y no debe tocarse.
- Cuando use ácido butírico, asegúrese de usar ropa larga, guantes y anteojos de seguridad.
- Excavar las entradas y poner unas gotas de ácido butírico en un trapo. Empuje el trapo en la entrada del campañol. Si usa suero de leche, remoje el trapo en él.
- Repita el proceso para todos los demás orificios, excepto para el orificio de escape.
- Para evitar que el campañol regrese, puedes repetir el proceso dos o tres veces en intervalos de dos semanas.
Alternativas al ácido butírico
Los campañoles también se pueden repeler con otros agentes de olor fuerte, por ejemplo, estiércol de ortiga, té de saúco, ajo, aceites esenciales o cabezas de pescado malolientes.
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